La Ley de Vivienda cumple tres años desde su entrada en vigor con un mercado del alquiler más tensionado que en 2023. El balance nacional publicado por Idealista apunta a tres tendencias principales: precios más altos, menos oferta disponible y más competencia entre inquilinos por cada vivienda anunciada.

La norma nació con el objetivo de reforzar el derecho a la vivienda, ampliar el parque asequible, regular las zonas de mercado residencial tensionado y modificar varios aspectos del alquiler. Tres años después, el debate sigue abierto: parte de sus herramientas apenas se han aplicado en algunas comunidades, mientras el mercado mantiene problemas estructurales de oferta, precio y acceso.

Tres años desde la entrada en vigor de la Ley de Vivienda

La Ley 12/2023, de 24 de mayo, por el derecho a la vivienda, entró en vigor el 26 de mayo de 2023. Fue la primera ley estatal de vivienda de la democracia y modificó varios elementos del mercado residencial, especialmente en materia de alquiler, grandes tenedores, zonas tensionadas, información al consumidor y colaboración entre administraciones.

Uno de los cambios más relevantes fue la creación del concepto de zona de mercado residencial tensionado. Estas zonas permiten aplicar medidas específicas en municipios o áreas donde el coste de la vivienda supone un esfuerzo elevado para los hogares o donde los precios han crecido de forma intensa.

Sin embargo, la aplicación de esta herramienta no depende únicamente del Estado. Son las comunidades autónomas las que deben solicitar la declaración de zonas tensionadas, justificar los criterios y activar las medidas correspondientes. Esa aplicación desigual explica parte del debate actual sobre el alcance real de la ley.

El balance nacional: precios al alza y menos oferta

Según el análisis publicado por Idealista con motivo del tercer aniversario de la norma, los precios del alquiler en España son ahora un 30,7 % más caros de media que cuando entró en vigor la Ley de Vivienda. En el mismo periodo, la oferta de viviendas en alquiler se ha reducido un 30 %.

La tercera variable es la competencia. Idealista señala que la presión por cada vivienda anunciada se ha más que duplicado. Es decir, hay más hogares compitiendo por menos pisos disponibles y a precios más altos.

Estos datos proceden de un portal inmobiliario y deben interpretarse como precios y oferta anunciada, no como contratos efectivamente firmados. Aun así, reflejan una tendencia visible en buena parte del mercado: alquilar es más difícil que hace tres años para muchos hogares, especialmente en las ciudades con más demanda.

Nuevos contratos: el punto más sensible del alquiler

El Índice de Precios de Vivienda en Alquiler del INE ayuda a matizar el diagnóstico. En 2024, los precios de la vivienda alquilada subieron un 3,5 % en España. Pero el dato más relevante está en la diferencia entre contratos existentes y nuevos contratos.

Los contratos ya vigentes subieron un 2,8 %, mientras que los nuevos contratos aumentaron un 8,8 %. Esto significa que la presión se concentra especialmente en quienes entran ahora al mercado: jóvenes que se emancipan, familias que cambian de vivienda, trabajadores desplazados o inquilinos cuyo contrato termina y deben buscar otro piso.

La diferencia entre mantener contrato y firmar uno nuevo es clave para entender la percepción social del alquiler. Quien conserva una renta anterior puede notar subidas más moderadas. Quien busca vivienda en el mercado actual se enfrenta a precios de entrada mucho más exigentes.

Zonas tensionadas: una herramienta de aplicación desigual

La Ley de Vivienda permite declarar zonas de mercado residencial tensionado cuando se cumplen determinados criterios. En esas zonas pueden aplicarse límites o referencias de precio, medidas para grandes tenedores y herramientas específicas para contener rentas y favorecer el acceso.

El problema es que la aplicación territorial ha sido desigual. Algunas comunidades han solicitado zonas tensionadas y otras han rechazado utilizar esta figura. Esto ha provocado que el impacto de la ley sea muy distinto según el territorio.

En los municipios donde se han activado estas herramientas, el debate se centra en si han conseguido contener precios o si han desplazado parte de la oferta hacia otras fórmulas. En los territorios donde no se han aplicado, la ley tiene menos efectos directos sobre los nuevos contratos.

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Alquiler temporal y habitaciones, el otro frente abierto

Uno de los efectos más discutidos en estos tres años ha sido el crecimiento del alquiler temporal y por habitaciones. Estas fórmulas pueden responder a necesidades reales: estudiantes, trabajadores desplazados, profesores visitantes, sanitarios, opositores o estancias vinculadas a periodos concretos.

El problema aparece cuando se utilizan para sustituir al alquiler habitual y esquivar las reglas aplicables a la vivienda permanente. Parte del debate político y técnico actual se centra precisamente en cómo diferenciar los usos temporales legítimos de aquellos que funcionan como alquiler residencial encubierto.

Esta cuestión se ha convertido en uno de los principales frentes pendientes. Regular mejor el alquiler de temporada y las habitaciones podría afectar a estudiantes, propietarios particulares, agencias, plataformas y comunidades autónomas con mercados de alta rotación.

La vivienda turística añade presión en algunas ciudades

La vivienda turística también forma parte del balance, aunque no explica por sí sola todo el problema del alquiler. En ciudades con alta demanda turística, parte del parque residencial puede destinarse a estancias cortas, reduciendo la vivienda disponible para residentes.

El impacto varía mucho por ciudad y por barrio. No es lo mismo una gran capital turística que un municipio interior con poca presencia de alojamientos temporales. Por eso, el debate se ha desplazado hacia la regulación local y autonómica: registros turísticos, límites urbanísticos, comunidades de propietarios, inspección y obligaciones de las plataformas.

La reciente anulación del registro estatal único de alquileres de corta duración por parte del Tribunal Supremo añade otro elemento al contexto. El control del alquiler turístico seguirá dependiendo en gran medida de comunidades autónomas y ayuntamientos, dentro del reparto competencial vigente.

Más regulación no sustituye a más oferta

Tres años después, una conclusión gana peso en el mercado: la regulación puede modificar incentivos, limitar determinados comportamientos y proteger a ciertos perfiles, pero no sustituye la necesidad de aumentar la oferta residencial.

El acceso al alquiler depende de varios factores al mismo tiempo: parque público, vivienda asequible, seguridad jurídica, rehabilitación, movilización de vivienda vacía, regulación del uso turístico, financiación y capacidad de los hogares para pagar rentas cada vez más altas.

Si no aumenta la vivienda disponible para alquiler estable, la competencia entre inquilinos seguirá siendo elevada. Y si los nuevos contratos siguen creciendo más que los existentes, la entrada al mercado continuará siendo el punto más delicado.

Qué supone este balance para Granada

En Granada, la Ley de Vivienda no se ha traducido en una declaración de zona de mercado residencial tensionado. Por tanto, las herramientas específicas de control de rentas previstas para esas zonas no se aplican actualmente en la ciudad.

Aun así, el balance nacional conecta con problemas muy visibles en el mercado granadino: alquiler en máximos, fuerte demanda universitaria, peso de las habitaciones, crecimiento del alquiler temporal, presión turística en barrios céntricos y dificultad de acceso para jóvenes y familias que buscan vivienda ahora.

La lectura local debe ser prudente. No todo lo que ocurre en el alquiler de Granada puede atribuirse a la Ley de Vivienda. Pero tres años después de su entrada en vigor, la ciudad comparte buena parte del diagnóstico general: precios altos, poca disponibilidad y más competencia por la vivienda residencial. El reto sigue siendo aumentar la oferta estable y asequible sin desplazar más vivienda hacia usos temporales o turísticos.